
Al despertar el sol, me crucé con una lechuza que ululaba. "¿Por qué ululas, si es de día?" "Tengo insomnio". "Ah... Bueno, Que te mejores, que sepas que me gusta cómo ululas.." Y la lechuza ululó, con los ojos bien abiertos. Y yo seguí andando, feliz de poder meter, por una vez en mi vida, el verbo ulular en una conversación.
Salió a mi encuentro el lobo (feroz), que lloraba desconsoladamente. "Llevo mucho tiempo sin aullarle a la luna. No la veo. ¿Puedes ayudarme?". Lobito se estaba quedando ciego, por su avanzada edad. "No hace falta que la veas, siéntela". La idea le convenció, secó sus lágrimas con sus patitas, y se puso a aullar, aunque para guardar la coherencia de este relato incoherente, mantendré que era de día. Pero eso no importa, porque ya sea de día o de noche, la luna siempre está para los que saben cerrar los ojos y sentir...
Guardé mi romanticismo estúpido bajo una piedra, y seguí caminando, hasta llegar a la cueva del Dragón. "Dragón, ¿tienes fuego?" Siempre le gastaba la misma broma boba. "No me vengas con esos humos", contestó, como siempre. Compartimos un par de tragos de una bebida fuerte, de esas que te queman la garganta, y hablamos de ésto y aquello, del fuego y del agua, que si yo siempre caigo de pie, que si tú eres un reptil o un ave, enfín... lo típico entre dragones y gatos.
Le dejé eructando bolas de fuego, mientras yo hacía esfuerzos para no chocarme contra las paredes de la cueva, y al salir, creí que los efectos del licor me hacían tener visiones, porque apareció ante mí la más guapa de las criaturas que jamás he visto, subida a una escoba. "¿No me tienes miedo? Dicen que soy una bruja". "Yo sólo veo un angelito que juega con una escoba voladora." Se bajó para abrazarme, y me contó su historia. Por su aspecto, desde siempre, creían que era una bruja. Pensé que debía invitarla a venir conmigo, porque si bien no era más que un gato callejero, a menudo me pasaban cosas asombrosas: encuentros con lechuzas insomnes, lobos golosos o dragones entrañables (y algo bebedores)... Dejó en el suelo su escoba, y me dijo, seductora: "Ya no me hace falta, creo que contigo, volar va a ser un juego de niños".
Desde ese día, hay quien sólo ve al gato y quien sólo ve a la bruja, otros no ven nada, y esos importan poco, pero me han contado que algunos, sí, algunos, son capaces de ver sin abrir los ojos, de sentir sin soñar, de delirar sin beber, incluso de ulular, o aullar, que un día, se cruzaron con una bruja sin escoba y un gato callejero, que parecían volar mientras compartían sus sueños.
Foto: Juanjo, volviendo a mi casa/hotel/celda, me encontré con esta escoba abandonada en el suelo, y pensé "¿qué brujita ha podido abandonar su escoba y por qué lo habrá hecho?"