21 enero 2009

DARJEELING




"Quizás podamos expresarnos con más claridad,
si prescindimos de las palabras."


(Anjelica Huston, "The Darjeeling Limited").

10 octubre 2008

Le retour

Espero que siga lloviendo en París, como cuando dejé en el retrovisor un año y medio de existencia para regresar a Madrid; porque vuelvo, vuelvo dentro de ocho días. Y no creo que nada haya cambiado, esa es su magia, su maldición, y su encanto.


Pronto volveré a cruzar el Pont d’Arcole para tomar un café en L’Étoile Manquante, donde seguramente escriba, viendo pasar a la gente, alguna carta que puede no llegar jamás a su destino, como ya pasó; porque todo seguirá igual, porque todo sigue igual.

El Sena me mostrará su imagen más agresiva, la de finales de octubre, la del frío que se acerca, la del mal tiempo, la que me gusta.


Recorreré de nuevo algunas calles de Montmartre, haciendo de forma aleatoria -pero coincidente- la ruta de Amélie, el Café des Deux Moulins, el del Chat Noir, donde maullaré mi agonía en silencio. Soñaré que soy rico por un minuto en la Place Vendôme, mearé en el Café de Flore donde lo hacía Boris Vian, evitaré los Jardines de Luxemburgo que son como el Retiro pero en triste.


Quedaré con mi amigo Daniel en Les Halles, “ya sabes, tío”, en el Père Tranquille, y nos iremos tarareando en voz alta alguna canción del Último de la Fila hasta llegar a uno de esos lugares, escasos en París, donde se come bien sin tener que pedir un préstamo. Y Sophie llegará tarde, pero siempre sonriente.


Me gusta tanto que la gente sonría...


Divagaremos sobre asuntos banales y sobre verdades absolutas, tomando vino francés, que se pondría verde de envidia si hubiese a su lado un buen Riberita, o algún Rioja. Como Sartre, sentiremos la náusea de nuestra propia existencia, pero también, como Voltaire, convertiremos los asuntos serios en pequeñas metáforas cargadas de humor, sin perder toda la seriedad de la realidad, sin perder todo el humor de la infancia que sólo brota cuando estás con gente a la que quieres.


Tomaremos un cocktail en el Caveau de la Huchette, ¡al fin!, ahora que han arreglado el luminoso de neón y se puede leer el nombre completo, para regresar después al hotel viendo, al mirar por la luna trasera del taxi, el foco -desenfocado por el alcohol- de la Torre, y su reflejo en el agua, más turbio aún.


Espero que siga lloviendo en París, porque quizás sea bueno que algunas cosas no cambien.

Foto: Juanjo

30 septiembre 2008

Cementerio

Un cementerio es el mejor lugar para meditar, allí donde descansan los pensamientos enterrados de los muertos.

Foto: Juanjo, Cimetière de Montmartre.

27 julio 2008

Sin ti

Sin ti, algunos minutos parecen escaparse de los relojes, rompiendo los esquemas de las horas, destrozando los días, aniquilando el tiempo, para convertirlo en una masa informe.

Los recuerdos cambian de color, el colegio de mis once años vuelve a ser una tortura, y los maestros, recuperan su poder de Superogros.

La palabra “imposible” vuelve al diccionario, avergonzada; recupera su lugar, reemplazando “imaginación”, y “esperanza”, que regresan a su exilio.

Sin ti, los golpes duelen, el calor aprieta en lugar de reconfortar, y el frío congela, en vez de aliviar.

Los recuerdos cambian de color, inventando finales alternativos de películas que no vi hasta el final. El sol y la luna son fases calculadas en calendarios impresos, y ya no cuentan historias a nadie.

El espejo vuelve a ser una bofetada, la infancia una buena razón para ser amnésico, y las fotos dejan de ser pruebas concluyentes que podrían salvar al acusado de su condena, para convertirse en cuerpos del delito, en conclusiones inequívocas de culpabilidad.

Sin ti, “mucho” se convierte en “cero”, y “todo” en “palabra no encontrada, lo sentimos.”

Sin ti, no creo en siete vidas, ni mucho menos, en setenta-veces-siete.

Sin ti, volveré a ser una sombra... pero quizás mi existencia quede justificada para siempre, si ser sombra equivale a estar, siempre que haya luz.

22 junio 2008

FIN

Deja que los muertos entierren a sus muertos y camina sin miedo sobre las aguas. Comparte tus pensamientos a la sombra de un olivo, y que nadie limite tu libertad de expresión.

Pon la otra mejilla cuando te abofeteen, pero si vuelven a hacerlo, para el golpe, y pregunta a tu agresor por qué lo hace.

Sucumbe ante cualquier tentación que calme tu sed, porque la tentación es un oasis en el desierto, y el diablo no es más que un espejismo.

Maldice a los mercaderes del templo, dile a Judas que es un vendido, y no cenes con quien sabes que te va a traicionar.

Que no te tiemble la voz al decirle a Pilatos que sus manos están sucias, por mucho que se las lave.

No consientas que te crucifiquen sin un juicio justo, y no olvides guardar los clavos como prueba del delito que cometieron contra ti, por que también ellos serán juzgados.

Rechaza la corona de espinos, grita cuando te duela...

Muere.

Y resucita, para que se jodan.

22 mayo 2008

Velas

La luz titubeaba en la oscuridad, y se me hacía difícil seguir cuidando las velas de la catedral que había construido con mis sueños. El fuego debe permanecer encendido, siempre, esa era la única regla que yo me había impuesto; sin embargo, ahora luchaba conmigo mismo porque el Diablo me atacaba diciendo que había llegado la hora de infringir mi propia Ley.

Observé las llamas, y recordé en cada una de ellas, un gesto, una mirada, una canción, un libro, un sabor, una risa, un color, una travesura, un susurro, un regalo, una caricia, una flor, una noche, una playa, una iglesia, una carta, un olor, un dibujo, un paseo, un masaje, una conversación, un beso, una lección, un coche, un mensaje, una cena, un baile, una lectura, un silencio, un abrazo, un viaje, una chocolatina, un juguete, un cine, una sala de espera, un puente en París, una manta, un cantero, una crema, un muñeco, un sofá, un colegio, un lucio, una casa roja…

Decidí que debía seguir cuidando el fuego de todas y cada una de esas velas. Por ello, eché al Diablo de mi catedral, la que construí con mis sueños, porque allí, no hay lugar para el mal, y porque esas velas son capaces, con su pequeña luz individual, de dar luz y calor, cuando las tinieblas intentan apoderarse de las almas.

Foto: Juanjo, Notre Dame de Paris.

25 abril 2008

Gato


Nunca me han permitido entrar en los salones de moda, donde los gatos de élite pavonean su corte moderno, de pelaje bien cuidado, ante las miradas llenas de admiración de las gatitas sumisas. No llevo un cascabel con diamantes, ni como Cat-Viar en un platito de porcelana. Jamás he pisado la consulta de un veterinario, ni he dormido en un colchón hecho de plumas de oca inglesa.

Pero puedo guiarte por calles que nadie conoce, haciéndote reír en cada esquina, con mis pelos de loco que se acaba de levantar. Mi único cascabel es una chapita de latón, que tintineará alegremente tus canciones cada vez que me lo pidas, y mi comida puede ser escasa, pero pasaré hambre si hace falta, con tal de compartirla contigo. He aprendido a lamerme las heridas, y puedo dormir sobre una piedra, porque me reconfortará soñar que estás a mi lado... Y, si algún día me cruzo con una oca inglesa, le enseñaré a huir de los que la persiguen, porque esos sí que son los malos.

Nada ha cambiado. Sólo soy un gato callejero.

Pero hoy, necesitaba decírtelo.